Hasta ahora, NAiOS facturaba, conciliaba el banco, llevaba el CRM y hasta preparaba los impuestos. Pero la venta de mostrador —el café con leche, la barra de pan, la camiseta— seguía viviendo fuera: en un TPV de otra marca que no sabe nada de tu ERP, o peor, en un cajón con tickets de papel. Eso se acabó. NAiOS POS es el punto de venta táctil de la plataforma, y nace con una idea muy simple: el ticket de mostrador es una factura de verdad, con su numeración, su registro encadenado y su QR de cotejo, dentro del mismo ERP donde ya vive todo lo demás.
Un TPV que no es una isla
La mayoría de los TPV son islas: su propio catálogo, su propia numeración, su propio informe que luego alguien tiene que volver a picar en la contabilidad. NAiOS POS hace lo contrario. El catálogo del TPV es el catálogo de tu NAiOS ERP: mismos productos, mismos precios, mismo IVA. Cada caja estrena su propia serie de tickets (TPV1-2026-0001, TPV1-2026-0002…) que convive con tus facturas normales sin pisarlas jamás. Y cada venta descuenta stock si el producto lo gestiona — y lo ves en la propia ficha del catálogo, para no vender a ciegas.
¿La consecuencia? No hay «cierre del TPV» que pasar a mano a ningún sitio. La venta del mostrador ya está donde tiene que estar: en tu facturación, en tus libros, en tu previsión de caja.
VeriFactu de serie, sin letra pequeña
Desde 2026, el Reglamento de sistemas de facturación (el famoso VeriFactu, RD 1007/2023) obliga a que el software que emite tickets y facturas genere registros encadenados e inalterables, con un QR de cotejo en cada documento. Un TPV es exactamente ese tipo de software — y muchos de los que hay en los mostradores de España no lo cumplen.
En NAiOS POS cada ticket nace como factura simplificada F2 del ERP: entra en la cadena de registros de facturación de tu empresa (cada registro lleva la huella SHA-256 del anterior: tocar uno rompe todos los siguientes, y eso se detecta), y se imprime con su QR de cotejo de la AEAT. Anular un ticket no lo borra: añade un registro de anulación a la cadena y restaura el stock. Así es como manda la norma, y así es como está construido.
Y una honestidad que nos gusta contar: la remisión a la AEAT se activa por empresa y con red. Primero el entorno de pruebas de la agencia; el modo producción solo se desbloquea cuando tu empresa tiene al menos una remisión aceptada de verdad en pruebas — no cuando alguien marca una casilla. La validación final del esquema oficial está en curso; mientras tanto, la cadena local y el QR van de serie en cada ticket desde el primer día.
Vender es tocar
Un catálogo con cara y ojos
Cuadrícula táctil con miniaturas: por defecto, cada producto luce el emoji de su categoría sobre un color suave (cero trabajo al dar de alta); si quieres, le pones su emoji propio o le subes una foto. Los favoritos van primero, las categorías se filtran con un toque y el buscador encuentra por nombre o código.
Cobrar en segundos
Efectivo con teclado grande y el cambio calculado (entregado 30, son 29, devuelve 1 — sin pensar a las ocho de la mañana), o tarjeta con el datáfono que ya tienes. El pago queda registrado en el ERP en el mismo instante, y el ticket de 80 mm sale por la impresora del navegador con su QR.
Turnos y cierre Z
La caja abre turno a nombre de un empleado, con su fondo. Al cerrar, el cierre Z resume el día por método de pago y hace el arqueo: efectivo esperado contra efectivo contado, y el descuadre se ve — en verde si cuadra, en rojo si no. Nada de esconder el euro que falta. El histórico de turnos queda consultable para siempre.
En cualquier pantalla
El mismo TPV se adapta a tres mostradores: la pantalla grande del ordenador, la tablet horizontal de mostrador (el formato rey de un TPV real, con botones de dedo) y el móvil del camarero en sala o del puesto del mercadillo, donde el ticket se pliega en una barra inferior y el cobro es una pantalla propia con botones gordos. Y para la barra de noche, el modo oscuro de la casa.
Tres maneras de usarlo
La cafetería. Marta abre su turno a las 7:55 con 50 euros de fondo. Toda la mañana es tocar: dos cafés, un menú, cobrar, siguiente. A las 16:00 cierra el Z: 87 ventas, el efectivo cuadra al céntimo, y cada ticket ya es una factura simplificada en el ERP — la asesoría no tendrá que preguntar nada a fin de trimestre.
La tienda. Cada camiseta vendida descuenta stock en el catálogo, y el propio TPV te enseña cuántas quedan antes de prometer nada. Cuando un cliente pide factura con su NIF, se emite desde el ERP con los mismos datos — una sola numeración, una sola verdad.
El puesto del mercado. El TPV entero en el móvil: catálogo a pantalla completa, cobro en efectivo con el cambio calculado y el ticket con QR enviado a imprimir o mostrado en pantalla. La caja del día, cuadrada desde el banco de un parque.
Lo que viene
El plan de NAiOS POS sigue: pasarelas integradas (Stripe Terminal y Redsys) con el criterio de la casa — claves por empresa guardadas cifradas, modo sandbox primero y el modo real solo tras un cobro de prueba ejecutado con éxito —, el ticket convertido en factura completa con NIF en dos toques, las devoluciones como rectificativas, y el cierre Z aterrizando solo como movimiento esperado en NAiOS Tesorería, para que la conciliación del banco cuadre también el mostrador.
Empezar lleva cinco minutos
Si ya usas NAiOS ERP, es literal: crea tu caja (estrena su serie de tickets sola), abre el turno y vende. Si aún no, el ERP se estrena igual de rápido — y con él, el banco conciliado y toda la plataforma detrás del mismo chat. El mostrador era la pieza que faltaba. Ya está puesta.






