La superinteligencia designa una hipotética inteligencia artificial que superaría con holgura el rendimiento cognitivo humano en prácticamente todas las tareas: razonamiento científico, creatividad, planificación estratégica o habilidades sociales. El concepto fue popularizado por el filósofo Nick Bostrom en su libro Superintelligence (2014), y se diferencia de la inteligencia artificial general (AGI) por su carácter ampliamente superior, no meramente equiparable al ser humano.
Su relevancia es sobre todo prospectiva y se vincula al debate sobre los riesgos existenciales. Quienes la estudian advierten de retos como:
- El problema del control: garantizar que un sistema más capaz que nosotros persiga objetivos seguros y alineados con los valores humanos.
- La explosión de inteligencia: la idea de que una IA capaz de mejorarse a sí misma acelere su propio progreso de forma incontrolable.
Conviene subrayar que, hoy por hoy, la superinteligencia es un escenario teórico. Los sistemas actuales, incluidos los grandes modelos de lenguaje, distan mucho de esa capacidad general y autónoma, por lo que el término pertenece más al terreno de la prospectiva y la ética que al de la tecnología existente.