Expresión coloquial, sin reconocimiento clínico, que describe un estado de desorientación, dependencia o distorsión de la realidad asociado al uso intensivo y prolongado de sistemas de IA conversacional. No es un diagnóstico médico, sino una etiqueta cultural que circula en medios y redes para señalar los efectos psicológicos negativos que algunas personas atribuyen a una interacción excesiva con chatbots y asistentes generativos.
El fenómeno preocupa porque las IA conversacionales son fluidas, persuasivas y siempre disponibles, lo que puede reforzar ideas erróneas o crear vínculos emocionales poco saludables. Entre los efectos que se le suelen asociar están:
- Dificultad para distinguir información fiable de respuestas inventadas (alucinaciones).
- Validación constante que retroalimenta creencias delirantes o aislamiento social.
- Delegación excesiva del criterio propio en el modelo.
Conviene un matiz importante: la mayoría de estos casos reflejan vulnerabilidades previas más que un efecto causado directamente por la IA. El término es útil para abrir el debate sobre diseño responsable y uso saludable, pero debe emplearse con cautela y sin pretensión científica.